HISTORIA

SE INAUGURA UN NUEVO TEATRO

Todo comenzó en 1914 y con otro teatro: el Smart Palace. Esta sala se edificó en el 1280 de la calle Corrientes (entre Talcahuano y Libertad), donde hoy está el Lola Membrives. Se modernizó siete años después y, en 1924, lo adquirieron Blanca Podestá (sobrina de Pepe Podestá) y su esposo, Alberto Ballerini. Pero al poco tiempo se trasladó a la vereda de enfrente y el edificio quedó vacío. Estuvo cerrado dos años, hasta que el arquitecto Alejandro Enquin lo rediseñó. Le dio un estilo ecléctico que mezclaba el rococó con el neoclasicismo, y lo tuvo listo para ser reinaugurado en 1927.

El 5 de junio de ese año, un nutrido grupo de periodistas fue agasajado con champán en el lobby de la nueva sala, para anunciar oficialmente la apertura de una nueva sala que llevaba por nombre, Teatro Cómico. En sus comienzos, tenía capacidad para mil espectadores (500 plateas y 150, tertulias), palcos bajos, balcón y altos, y 24 cómodos camarines. Una revista de la época describió muy bien el trabajo del arquitecto Enquin. “Sus constructores habían tenido la virtud de armonizar con fácil elegancia los elementos del estilo clásico del renacimiento italiano con las exigencias modernas, creando un tipo de teatro sugestivo y equilibrado, que por sí solo constituye una excepción en nuestro desentonante ambiente”. Enquin es uno de los creadores de la gran sinagoga porteña de la calle Libertad.

Un día después se inauguró el nuevo teatro porteño, en pleno centro de la calle Corrientes. Luis Arata, una de las principales figuras del ambiente artístico del momento, y su Gran Compañía Argentina de Comedias y Sainetes, dirigida por Alberto Novión y Tito Insausti, firmó un exclusivo contrato para montar sus obras en el Cómico. Y fue esa compañía la encargada de amenizar la inauguración, con un doble programa que integraban los sainetes ¡¡Facha Tosta!!, de Novión; y El comendador Galigniana, de Cabral y Eleodoro Peralta. Hubo también toques musicales en esa jornada de tres secciones. Antes de comenzar la función sonó la orquesta del maestro Antonio Scatasso; y en ¡¡Facha tosta!!, Ignacio Corsini cantó Caminito, y toda la compañía bailó y cantó una tarantela. A aquella ceremonia inaugural asistieron tanto las máximas autoridades de la ciudad, como toda la farándula y el periodismo local. Dos grandes: Enrique García Velloso y Alberto Vacarezza fueron los encargados de pronunciar los discursos inaugurales, en nombre del Círculo de Autores y de la Sociedad de Autores, respectivamente.

El primer elenco del Cómico estuvo integrado por Arata, Berta Gangloff, Emma Bernal, Leonor Rinaldi, Mercedes Delgado, Blanca Crespo, A. Villavicencio, María Casenave, Delia Prieto, Carmen Villegas, Marcelo Ruggero, Juan Fernández, Ignacio Corsini, Froilán Varela, Carlos Rosingana, Juan Vitola, Jorge Gangloff, Enrique Duca, Ernesto Villegas y Alberto Fregolini.

El primer espectáculo veraniego que se estrenó ahí fue la revista Veraneamos en bañadera y el vodevil musical Cien mujeres para un viudo, con la Gran Compañía de Grandes Revistas y Vaudevilles, que dirigían Carlos y Joaquín Pibernat y Sergio Allen. Trabajaban jóvenes figuras de arraigo en el bataclán: Tito Lusiardo, Hortensia Arnaud, Adriana Delhort y una prometedora cancionista: Tita Merello.

Aquellos dos primeros años estuvieron dedicados al llamado “género chico”. La compañía de Arata presentó decenas de sainetes y comedias, entre los que pueden citarse El barrio está de fiesta, Se acabaron los otarios, El mago de Palermo, Te quiero porque sos reo, Sierra chica, Yo soy un tipo de línea, Caferata y Los muchachos de antes fumaban Avanti. Y por sus elencos pasaron figuras como Marcelo Ruggiero, Pepe Arias y Leonor Rinaldi.

En 1929 y 1932 brilló otra gran compañía: la de Elías Alippi –primero con Marcelo Ruggero, luego con Segundo Pomar-, durante la gerencia de A. Manzi, con La mazorquera de Monserrat, El cantar de los tangos, La guardia vieja, Se vamo a Montmartre y El candombe federal, entre muchas otras. Por su parte, en 1932, se lució la Gran Compañía Porteña de Tangos, de Agustín Magaldi y Noda, con La epopeya del tango, por ejemplo; y la de Gregorio Cicarelli, Paquito Busto y Félix Mutarelli, con Corrales viejos (Parque Patricios), El cancionero popular, Los reos somos así, casi todas, estampas evocativas del Buenos Aires de 1900.

En 1934 el Cómico dio el gran puntapié que lo convirtió en un emergente de la comedia musical. Allí debutó una de los más ingeniosos y originales elencos del género: la Compañía Argentina de Grandes Espectáculos Musicales Los Cuatro Diablos, dirigida por Rafael Palacios. Presentaron obras como El callejón de la alegría, ¡Papá, cómprame un príncipe! y A Juan 1º de Ardula le han encajado la mula. La compañía estaba integrada por Carmen Lamas, Ibis Blasco, Tita Merello, Severo Fernández, Héctor Quintanilla, Eloy Alvarez y Fina Suárez, entre otros. Ese mismo año se estrenó otro musical exitoso: Café Concierto 1900, de Ivo Pelay y Asdrúbal Salinas, para el que transformaron a la platea del Cómico en un café concert con mesitas y sillas. Trabajaban José Ramírez, Pepita Avellaneda, el Cachafaz, Carmen Lamas, Fina Suárez y Tito Lusiardo, a la cabeza de un numeroso elenco. Los mismos autores repitieron el éxito con Quiéreme otra vez.