HISTORIA

LA GRAN LOLA

En la segunda mitad de 1936 comenzaría una nueva etapa en el teatro Cómico. El empresario español Juan Reforzo, esposo de la gran actriz Lola Membrives, se hizo cargo de la sala para conducirla por su primera época dorada. Al comienzo se presentaban grandes compañías ibéricas como la de arte popular gallego Saudades da Terra, dirigida por O Paroleiro y Cauvilla Prim; y la Gran Compañía de Revistas Españolas de María Antinea.

Luego, entre 1940 y 1943, también florecieron las compañías encabezadas por Paquito Busto; primero con Olinda Bozán, y luego con Severo Fernández, con sus comedias y sainetes. Y en noviembre de 1942, debutó Miguel de Molina con la misma canción con la que puso fin a sus actuaciones en España: “Sevillanas del Espartero”. Se dice que le dio algunos dolores de cabeza a Lola Membrives y a Reforzo, con sus requerimientos. Hizo poner sobre el escenario una cortina de brocado color palo rosa, pidió tapizar de raso su camarín y logró que cubran el hall con mantones de Manila y capotes. A su vez, en el Cómico también actuó con éxito Conchita Piquer.

Pero es en 1943 cuando doña Lola Membrives plantó raíces ahí se inició un período floreciente que duró hasta 1964. La inigualable Lola prestigió con su calidad histriónica y su lucidez consecutivas temporadas en las que se cultivó un repertorio de jerarquía y, al mismo tiempo, de notable repercusión en el público que, invariablemente, respondía a sus propuestas escénicas y la había incorporado como una de sus figuras más aplaudidas y respetadas. Amiga férrea del dramaturgo Jacinto Benavente, estrenó casi todas sus obras y, cada año, hacía una breve temporada de La malquerida, con un papel que la consagró. Alternando su carrera entre España y la Argentina, Lola interpretó a los más diversos y prestigiosos autores dramáticos como Cocteau, García Lorca, Calderón de la Barca, Benavente, Miller y Brecht, así como no tenía ningún prejuicio en volver a presentarse como tonadillera y tiple, o divertir con la comedia más blanca.

Entre 1943 y 1946, la eminente actriz representó, con su compañía: Al fin mujer, Y amargabas, La infanzona, Titania, El mal que nos hacen, La noche del sábado, de Benavente; Volver a vivir, de Samuel Ross; Cancela, de Ochaíta y De León; Ventolera, de los Alvarez Quintero; y Victoria, de Juan Albornoz.

Por su parte, en los períodos que doña Lola trabajaba en España, se presentaban compañías prestigiosas como la de Tito Lusiardo y Delia Codebó, que en 1945, estrenó la comedia musical Patio de tango; o la compañía lírica española que dirigía el barítono y actor Luis Sagi-Vela, que presentó obras como Matrimonio a plazos o ¡Qué sabes tú! El año 47 lo pasó en España (aquí participó la compañía española de Teresa Silva y Antonio Martelo) pero, al año siguiente, Lola volvió con Nosotros, ella y el duende, una exitosísima comedia de Carlos Llopis; y Vendimia de amor y La casa, ambas de José M. Pemán.

A su vez, se dice que la de 1949 fue una de las temporadas más gloriosas del Cómico. Lola Membrives presentó La rosa encendida, de Enrique Suárez de Deza; El águila de dos cabezas, de Jean Cocteau; y Divorcio de almas, de Benavente. Entretanto, la compañía Lusiardo-Codebó arremetió con un nuevo musical tanguero: Patio mío. Ese año, finalmente Lola Membrives y su esposo lograron comprar el teatro Cómico. Al año siguiente, representó Mater Imperatrix, de Benavente; y Elena y los hijos de Eduardo, de Marc G. Sauvajon.

Como doña Lola no establecía diferencias entre géneros, en marzo de 1954, estrenó una de sus comedias más exitosas (llevada luego al cine): La cigüeña dijo sí, de Carlos Llopis, junto con María Antonia Tejedor, Tomás Blanco, Vicente Vega y Juan Serrador. Pero el 55 fue un año en el que se vivieron situaciones violentas e incómodas para la eminente actriz, en su propio teatro. El regresar de España debutó con La malquerida, su mayor éxito y, luego, deslumbró a la crítica y al público con su versión de La casa de Bernarda Alba, de García Lorca, a la cabeza de un elenco en el que también se destacó una jovencísima Alejandra Boero, en su interpretación de una mujer de 80 años.

Pero octubre no fue el mejor mes en su vida. El 7, día del estreno de Su amante esposa, de Benavente, se notó en la platea una cierta marejada precursora de tempestad. No obstante, el telón se levantó y las primeras escenas transcurrieron en aparente calma. Hasta que apareció Lola Membrives, momento en que arreció una silbatina, acompañada de insultos y agresiones. ¿Cuál era el motivo? Doña Lola era abiertamente simpatizante del depuesto gobierno peronista y los golpistas de turno querían que se fuera del país. Esa noche los opositores no eran muchos, pero el contingente, principalmente femenino, no cesó de insultarla y hacer alusión a su simpatía por Perón y Evita. El telón se bajó precipitadamente, la actriz trató de hablarle al público, pero fue en vano por los gritos exaltados.

Ese mismo mes, grupos antiperonistas rompieron fotos del hall y vidrios de la entrada. Así fue que, a fines de octubre, se programó una revista de título muy elocuente: ¡Llegaron los gorilas!, de Carlos A. Petit, con Elena Lucena, Margarita Padín, Alfredo Barbieri y Don Pelele. La actriz no soportó más y el 8 de enero de 1956, partió rumbo a Venezuela, como escala para su destino final: España.

A su regreso, en los años siguientes, hizo un repertorio de lo más ecléctico en el Cómico: ¿Dónde vas, Alfonso XII?, de Juan Ignacio Luca de Tena; Rosalía de Castro, de Gerardo Ribas; Pepa Doncel, El mal que nos hacen y Los intereses creados, de Benevante; La buena sopa, de Felicien Marceau; Melocotón de almíbar, de Miguel Mihura; El río se entró en Sevilla, de José María Pemán; Cuando tú me necesites, de Alfonso Paso; y Bodas de sangre, de García Lorca; A su vez, otras obras de gran convocatoria que pasaron por el Cómico fueron: Yo te canto, Buenos Aires (1959), dirigida por Antonio Prat, con Severo Fernández, Tito Lusiardo, Alba Solís, Angeles Martínez, Fidel Pintos y Beto Gianola; y Yo llevo el tango en el alma (1964), de Germán Ziclis, con Olinda Bozán, Agustín Castro Miranda, Alberto Marcó, Aída Denis y Los Arribeños, dirigidos también por Antonio Prat.

Pero en 1965 se estrenó uno de los mayores éxitos de este teatro: El proceso de Mary Dugan, una obra procesal de Bayard Veiller, que dirigió Daniel Tinayre. Para ese montaje, la fachada del Cómico, el vestíbulo y la sala se transformaron en un Palacio de Justicia y, muchas veces, se detenía el tránsito de la avenida Corrientes, porque la protagonista llegaba en automóvil, desde la calle. El elenco fue: Malvina Pastorino, Enrique Fava, Olinda Bozán, Diana Maggi, Duilio Marzio, Mecha Ortiz, Francisco Petrone, Homero Cárpena, Floren Delbene, Nora Massi, Nathán Pinzón, Enrique Talión, Gloria Ugarte y Rey Charol, entre otros. Amelia Bence reemplazó a Malvina Pastorino, en el reestreno de 1966.

En 1967 brilló la compañía de Ana María Campoy y José Cibrián. La comedia Ocúpate de Amelia, de Georges Feydeau fue una de las más aplaudidas, con un elenco estelar en el que se contaban Dringue Farías, Ricardo Lavié, Marcos Zucker, Noemí Laserre, Jacques Arndt, Wagner Mautone y, en papeles menores, los jóvenes María Rosa Fugazot, Pepe Cibrián (h) y Luis Sorel. La misma compañía, con Eva Franco como invitada, también hizo Ninette, modas de París, de Mihura. Ese mismo año, el elenco alemán Die Deutschen Kammerspielen, hizo subir a escena encumbrados dramas clásicos universales.

Otras obras importantes del período fueron: La locomotora (1968), de Andre Roussin, con Paulina Singerman y Wagner Mauttone; la comedia francesa Pepsie (1968), de Pierrette Bruno, con Malvina Pastorino, Duilio Marzio, Ignacio Quirós, Irma Córdoba y Augusto Codecá; el absurdo Scuba Duba (1969), Bruce Jay Friedman; Recuerdo del viejo Buenos Aires (versión musical de Las de Barranco), con Niní Marshall, Aída Luz, Thelma del Río, Adolfo García Grau, Raúl Lavié y un niñito llamado Ricardo Darín, que hacía de lustrabotas.