HISTORIA

TEMPLO DE LA COMEDIA MUSICAL

Desde la muerte de Lola, el Cómico perteneció a una sociedad anónima cuyo principal accionista fue el doctor Juan Reforzo Membrives, un eminente endocrinólogo, soltero, hijo de la actriz, que decidió alejarse del quehacer escénico desde la muerte de su madre.

Ya por aquellos años, el empresario revisteril Carlos A. Petit se asoció con los descendientes de Lola Membrives e hicieron su administración brillante, con largos éxitos, ya siempre vinculados al musical y a las grandes figuras.

Desde siempre, el Cómico se disputó el primer puesto como templo porteño de la comedia musical, con el Alvear y el Nacional. En su escenario se estrenaron: El Hombre de La Mancha (1968), con Ernesto Bianco, Nati Mistral, Santiago Gómez Cou y Rafael Carret; La novicia rebelde (1969), de Rodgers y Hammerstein II, con Violeta Rivas, José Cibrián y Thelma del Río; Mame (1970), con Beatriz Bonnet, Delfor Medina, Haydée Padilla y Mabel Manzotti; Los ángeles de Vía Venetto (1971), con Darío Víttori, Mabel Manzotti, Raúl Lavié y Olinda Bozán; y Aplausos (1972), con Libertad Lamarque, Duilio Marzio, Martha González­ y Juan Carlos Thorry.

iA su vez, en el año siguiente, estrenaron la revista Aquí se mata de risa, de Petit y Francisco Reymundo, con Adolfo Stray, Alfredo Barbieri, Don Pepele, Rafael Carret, García Ramos, Moria Casán y Patricia Dal; y Érase una vez en Buenos Aires (1976), con Dringue Farías, Rafael Carret, Gogó Andreu, Katia Iaros, Andrés Perciavale, Adriana Parets y unas jovencísimas Valeria Lynch y Mimí Ardú.

Para el cincuentenario del teatro, en 1977, estrenaron Rosas amarillas, rosas rojas, con Mirtha Legrand, dirigida por Daniel Tinayre y Carlos A. Petit; y luego, la revista ¡Qué piernas para el mundial! Con Dringue Farías, Alfredo Barbieri, Adriana Aguirre y Vicente Rubino.

En octubre de ese año, el Cómico fue adquirido por la empresa encabezada por los industriales Carlos y Lorenzo Spadone. La primera obra que produjeron los hermanos Spadone fue una comedia musical con Mariano Mores, Nito Mores, Claudia y Silvia Mores, Libertad Lamarque, Hector Gagliardi y el ballet del Chucaro y Norma Viola.

En diciembre de 1978 el antiguo teatro Cómico comenzó a llamarse Lola Membrives, la actriz que durante más de tres décadas impuso en ese escenario el sello de su talento inigualado y llenó ese recinto con el eco de su prodigiosa voz. Sin embargo, durante bastante tiempo (tal vez para familiarizar al público), el frente del edificio tuvo en grandes letras la vieja y la nueva denominación. En ese momento estaba en escena la comedia Gigí con Soledad Silveyra y Sergio Renán.

Daniel Tinayre y Julio Kaufmann produjeron en 1979 una de las versiones teatrales de la novela de Bram Stocker: El conde Drácula. No fue una gran versión, pero tenía un elenco estelar: Gianni Lunadei, Raúl Aubel, Bárbara Mujica, Irma Córdoba, Tincho Zabala, Carlos Moreno, Alfredo Iglesias, Horacio Nicolai y Víctor Villa.

En 1980 subió a escena por primera vez en ese teatro una de las primeras vedettes de la revista porteña: Nélida Lobato, junto a Luis Fischer Quintana, Enrique Pinti, Lucrecia Capello, Arturo Bonín y Noemí Morelli, dirigidos por Villanueva Cosse. Esa comedia musical con ribetes de revista se llamó Érase otra vez… Nélida Lobato, con libro de Jorge Goldemberg, canciones de Alejandro Vannelli y Ernesto Larrese, y música de Horacio Malvicino. E inmediatamente, subió uno de los mayores éxitos de ese teatro: la comedia musical El diluvio que viene, con José Ángel Trelles, Vicky Buchino, Graciela Pal y Charly Diez-Gómez, que se mantuvo en cartel durante dos años (ya había estado un año en El Nacional).

A principios del 82, volvió Libertad Lamarque, para hacer el show ¿Es una mujer de suerte?; y en abril otro exitoso y promocionado musical, Annie, producido por los hermanos Spadone, y con Raúl Lavié al frente del elenco. Ese año se eliminó de la marquesina el cartel de neón que decía “Teatro Cómico” para reemplazarlo definitivamente por el de “Teatro Lola Membrives”.